¿Hay que jubilar la ortografía ?
 
     
     
  En contra de la jubilación  
    García Márquez, desfase de lógica, Joaquín Segura  
    Jubilación de la ortografía, Mempo Giardinelli  
    ¿La ortografía en vías de extinción?, Editorial de El País  
    Todos contra García Márquez, Cecilia Macón  
    Ortografía, Juan José Millás  
    García Márquez, por cojones, Arsenio Escolar  
     
 
García Márquez, desfase de lógica, Joaquín Segura
 
     
 

El autor de Cien Años de Soledad sabe de sobra que en español los acentos gráficos sirven precisamente para reflejar en lo escrito la mayor intensidad de la voz con que pronunciamos ciertas sílabas; además, esos acentos tienen por oficio diferenciar las palabras que se escriben de la misma forma pero que tienen significado distinto. Es, pues, un sistema sumamente práctico, que tal vez García Márquez, incomprensiblemente, no aprecia en todo su valor. Ya quisiera el inglés, veloz como es en muchos casos-- por sucinto y directo-- poder contar con un sistema parecido que facilitara su lectura, escritura y pronunciación, tanto a los que lo hablan y escriben como lengua propia, como a los extranjeros que han de aprenderlo por gusto o necesidad.

El español es tal vez el más fácil de leer y escribir entre los idiomas modernos. Hasta ahora no ha sido necesario en esta lengua (las cosas cambiarían de adoptarse las sugerencias del Nobel colombiano) celebrar certámenes de deletreo ("spelling bees"), como se hace continuamente en inglés. [El francés también se las trae en materia ortográfica, y hasta el italiano, con sus consonantes dobles y su variante pronunciación de ciertas combinaciones, ofrece varios escollos.] Muchos hispanohablantes, encandilados por el cegador rayo láser del inglés, no se quejan de que en ese idioma tengan que aprender de memoria la forma de escribir y de pronunciar cada palabra. Si la situación fuese al revés, no faltarían denuestos ni risitas de desprecio contra el español.

Ni los experimentos de Juan Ramón Jiménez con la "j", ni los de George Bernard Shaw para simplificar la ortografía inglesa, hicieron mucha fortuna. Las lenguas tienen su vida propia; no se dejan manipular así como así; es decir, se dejan cuando la manipulación se hace, de entrada, con amor, respeto y oportunidad. En cuanto al papel de las Academias de la Lengua Española, deben siempre propiciar la libertad creadora

 
     
     
 
Jubilación de la ortografía, Mempo Giardinelli
 
     
 

Y en el caso de estas ideas que la prensa ha difundido (no he tenido la oportunidad de leer el discurso completo del Maestro) me parece que hay mucho de disparate en esa propuesta de "jubilar la ortografía".

Además de ser una propuesta efectista (y quiero suponer que poco pensada), es la clase de idea que seguramente aplaudirán los que hablan mal y escriben peor (es decir, incorrecta e impropiamente). No dudo que tal jubilación (en rigor, anulación) sólo puede ser festejada por los ignorantes de toda regla ortográfica. Digámoslo claramente: suena tan absurdo como jubilar a la matemática porque ahora todo el mundo suma o multiplica con calculadoras de cuatro dólares.

[...]

Eso por un lado. Y por el otro está la cuestión de para qué sirven las reglas, y el porqué de la necesidad de conocerlas y respetarlas. No voy a defender las haches por capricho ni por un espíritu reglamentarista que no tengo, pero para mí seguirá habiendo diferencias sustanciales entre "lo hecho" y "lo echo"; y sobre todo entre "hojear" y "ojear" un libro. Tampoco me parece que sea un "fierro normativo" la diferencia entre la be de burro y la ve de vaca. Ni mucho menos me parece poco razonable la legislación sobre acentos agudos y graves, ni sobre las esdrújulas, ni sobre las diferencias entre ene-ve y eme-be, y así siguiendo, como diría David Viñas.

Las reglas siempre están para algo. Tienen un sentido y ese sentido suele ser histórico, filosófico, cultural. La falta de reglas y el desconocimiento de ellas es el caos, la disgregación cultural. Y eso puede ser gravísimo para nosotros, sobre todo en estos tiempos en que la sabiduría imperial se ha vuelto tan sutil y astuta. Las propuestas ligeras y efectistas de eliminación de reglas son, por lo menos, peligrosas.

 
     
 
¿La ortografía en vías de extinción?, Editorial de El País
 
     
 

García Márquez no es un pionero en la materia, pero es un Premio Nobel.

MUCHO antes que él, generaciones enteras de niños y de adolescentes de habla hispana lo antecedieron practicando lo que él propone y fueron sancionados con bajas calificaciones por sus maestros y profesores. Cualquier persona con experiencia docente ha lidiado con esos errores y horrores ortográficos. Ahora, García Márquez quisiera institucionalizarlos. No carece totalmente de razón: nuestra grafía, como la de cualquier otro idioma, ha evolucionado a través de los siglos. ¿Quién ignora, por ejemplo, que la hache y la efe, la zeta, la ce y la ese, o la be y la ve, han librado una continua lucha a lo largo de la historia de la escritura?

A ese lento y necesario proceso, García Márquez le quiere poner fin mediante un drástico decreto ortográfico, es decir, mediante un acto voluntarista. ¿Qué principio lo impulsa? El de la lógica.

¿Por qué mantener la vigencia de letras que tienen la misma función o el mismo sonido o que, simplemente, no se pronuncian? Su razonamiento parece irrebatible y pleno de sentido común. Incluso, en su favor, habría que indicar que la natural resistencia al cambio radical que propone desaparecería al cabo de una generación de admitidas y practicadas dichas nuevas normas. Hoy nos chocan a nosotros, habituados a las tradicionales; mañana, en cambio, no producirán ni alarma ni pesar a nuestros descendientes, educados en ellas. Pero no escapa a nadie que, eliminar variantes, particularidades y diversidades, es empobrecer, es uniformar.

Es curioso comprobar que, en un siglo en que se ha hecho un culto de la defensa de las especies en extinción, se pretenda "enterrar" determinadas formas ortográficas porque atentan contra la lógica.

Con idéntica tesitura ¿por qué preservar a los tigres, matadores de hombres, o a los elefantes, depredadores de bosques, o a los insalubres pantanos?

[...]

Es verdad que la ortografía española rebosa de ilogicidades --aunque mucho menos que la inglesa-- pero igual característica tienen todas las manifestaciones culturales del hombre: la vestimenta, la gastronomía, los modales, la música y sus instrumentos, la arquitectura y las artes plásticas, etc., sin hablar de la administración, la política, la docencia, la justicia, el periodismo y aun el entretenimiento.

[...]

Escribimos como escribimos porque somos el fruto de raíces que nos alimentan y nos enriquecen por el esfuerzo que nos demanda el dominio de sus convenciones. Estas nos han aportado claridad, precisión y belleza.¿Por qué cambiarlas?

 
     
 
Todos contra García Márquez, Cecilia Macón
 
 
 
 

Los sudamericanos Mario Benedetti y Mario Vargas Llosa se tomaron la cuestión como una broma. "Es una irreverencia, un desplante", señaló el peruano. "Si se acabara con la ortografía, el español se desintegraría en tal multitud de dialectos que llegaríamos a la incomunicación. Obviamente, semejantes ideas sólo podían provenir de quien es un gran creado de imágenes, pero que nunca ha sido un pensador, ni un teórico, ni un ensayista".

Por su parte, la psicoanalista y lingüista argentina Eva Tabakián recordó que la ortografía tiene dos aspectos: uno vinculado a lo autorizado, lo legitimado por la Academia, y otro con la comunicación". "Este último no puede hacerse a un lado", observó. "Cada palabra evoca una imagen por el modo en que está escrita. Muchas veces, cuando se violan esas reglas se torna irreconocible y se llega a la imposibilidad de su lectura. No porque esté bien o mal escrita en términos de una cierta autoridad, sino porque la escritura implica la existencia de un código. Sin código se cae en una anarquía que hace imposible la comunicación".

Después de todo, havolir las rreglas nos pribaría del plaser de biolarlas.

 

 
     
 
Ortografía, Juan José Millás
 
     
La tolerancia ortográfica podría tener a largo plazo consecuencias desastrosas. Los hijos de esas parejas en las que ahora se fomentan las minusvalías cacográficas nacerían con igados en lugar de hígados. No sabemos cómo funcionan los igados, pero lo más probable es que segreguen vilis en vez de bilis, lo que dispararía el gasto hospitalario para sacarlos adelante, incluso aunque se crearan enseguida unidades epaticas que, siendo más baratas que las hepáticas, exigen inversiones iniciales de orden analfavetico muy superiores. No quiere uno ni imaginar, de otro lado, las consecuencias del alumbramiento masivo de seres que en el sitio de la cabeza tradicional tuvieran una suerte de caveza cuya vobeda craneal sólo diera para albergar un zerevro. Si el mundo va como va (o ba como ba más vien) con encéfalos normalmente constituidos, no es difícil imaginar los horrores resultantes de una mutación de esa naturaleza.

Por otra parte, dado que la hache es la primera letra que cae en estas situaciones de permisividad, la sangre quedaría reducida al factor R, y no habría forma de distinguir las razas puras, lo que significaría el hundimiento de partidos políticos que ayudan a gobernar al PP en la lengua de Franco y a veces en su caligrafía. Hay mucho miedo a la ingeniería genética, pero los efectos de la ortográfica no se quedan atrás. Piensa uno en el vajo bientre de esos seres nacidos al amparo del caos gramatical y se le ponen los pelos de punta ante la idea de acariciarles la rejion jenital o el beyo puvico.

No a la reproducción de clónicos, de acuerdo, pero que se ponga freno también a la multiplicación de onvres y mugeres en cuyo rostro se manifiestan los mismos hogos, vocas, o varviyas de espanto que alimentan nuestros terrores nocturnos.

Muchas gracias.

 
     
 
García Márquez, por cojones, Arsenio Escolar
 
  Una anécdota sobre García Márquez y sus problemas con la gramática.  
     
 
 
 
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