¿CUÁL ES LA MORALEJA?

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Relaciona cada una de las fábulas con la moraleja que se desprende de ellas.

EL PERRO Y EL HUESO
Un perro que llevaba un hueso en la boca se asomó a una laguna y vio su propia imagen reflejada en el agua, pero no se dio cuenta de que se estaba mirando a sí mismo.
"Ese perro", pensó, "lleva un hueso más grande que el mío. Y con más carne. ¡Ojalá se lo puediese quitar! Voy a ladrarle, y se le caerá de la boca". Pero cuando el estúpido perro abrió la boca para ladrar, el hueso se le cayó al fondo de la laguna, así que aquel día se quedó sin comer.



LOS NIÑOS Y LAS RANAS
Unos niños se fueron a jugar a un estanque y empezaron a lanzar piedras al agua. Cada vez que el tiro les salía bien, se reían a carcajadas al ver que los guijarros levantaban penachos de espuma por el aire. En cambio, las ranas que vivían en el estanque no se lo estaban pasando nada bien. La lluvia de piedras las tenía aterrorizadas, y se escondían tras los nenúfares para protegerse de los impactos. Al fin, una rana se atrevió a sacar la cabeza fuera del agua y les suplicó a los niños:
-¡Parad ya de una vez! ¡Lanzar piedras es para vosotros un juego, pero para nosotras es un asunto de vida o muerte!



EL CERDO CHILLÓN
Un pastor que contaba sus ovejas se quedó pasmado al descubrir un cerdo entre el rebaño.
"¡Vaya suerte he tenido!", se dijo. "Se lo llevaré al carnicero y seguro que me lo pagará muy bien. Pero tendré que sacarlo a escondidas de casa, no sea que el dueño del cerdo lo vea y me lo reclame."
De modo que el pastor se encaminó a la carnicería con el cerdo oculto bajo la capa. Sin embargo, el animal debió de olerse el triste final que le esperaba y comenzó a chillar y a patalear como un desesperado. Cuando las ovejas lo oyeron desde el corral, una de ellas le dijo:
- ¡No armes tanto jaleo, miedoso! A nosotras también nos coge el pastor de vez en cuando, y no nos ponemos a gritar como locas.
-¡No es lo mismo! -replicó el cerdo sin dejar de chillar-. A vosotras, el pastor os coge para quitaros la lana, pero a mí quiere quitarme la vida para llenar su mesa de morcillas y jamones.