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EL LIBRO DE BUEN AMOR del Arcipreste de Hita

Consejos de don Amor:
Condiciones que ha de tener la mujer para ser bella
(coplas 429- 435)

Si leyeres a Ovidio que por mí fue educado,
hallarás en él cuentos que yo le hube mostrado,
y muy buenas maneras para el enamorado;
Pánfilo, cual Nasón, por mí fue amaestrado.

Si quieres amar dueñas o a cualquier mujer
muchas cosas tendrás primero que aprender
para que ella te quiera en amor acoger.
Primeramente, mira qué mujer escoger.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana,
que no sea muy alta pero tampoco enana;
si pudieras,  no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillo no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
 y con largas pestañas, bien claras y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes (fíjate)
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡esto aguisa!

Necesidad de una vieja mensajera y condiciones que ésta ha de tener (coplas 436-449)

Si le envías recados, sea tu embajadora
una parienta tuya; no sea servidora
de tu dama y así  no te será traidora:
todo aquel que mal casa, después su mal deplora.

Procura cuanto puedas que la tu mensajera
sea razonadora sutil y lisonjera,
sepa mentir con gracia y seguir la carrera
pues más hierve la olla  bajo la tapadera.

Si parienta no tienes, toma una de las viejas
que andan por las iglesias y saben de callejas;
con gran rosario al cuello saben muchas consejas,
con llanto de Moisés encantan las orejas.

Estas pavas ladinas son de gran eficacia,
plazas y callejuelas recorren con audacia,
a Dios alzan rosarios, gimiendo su desgracia;
¡ay! ¡las pícaras tratan el mal con perspicacia!

Toma vieja que tenga oficio de herbolera
que va de casa en casa sirviendo de partera
con polvos, con afeites y con su alcoholera
 mal de ojo hará a la moza, causará su ceguera.

Procura mensajera de esas negras pacatas
que tratan mucho a frailes, a monjas y beatas,
son grandes andariegas, merecen sus zapatas:
esas trotaconventos hacen muchas contratas.

Donde están tales viejas todo se ha de alegrar,
pocas mujeres pueden a su mano escapar;
para que no te mientan las debes halagar
pues tal encanto usan que  saben engañar.

De todas esas viejas escoge la mejor,
dile que no te mienta, trátala con amor,
que hasta la mala bestia vende el buen corredor
y mucha mala ropa cubre el buen cobertor.

Si dice que tu dama no tiene miembros grandes,
ni los brazos delgados, luego tú le demandes
si tienes pechos chicos; si dice sí, demandes
por su figura toda, y así seguro andes.

Si tiene los sobacos un poquillo mojados
y tiene chicas piernas y largos los costados,
ancheta de caderas, pies chicos, arqueados,
¡tal mujer no se encuentra en todos los mercados!

En la cama muy loca, en la casa muy cuerda;
no olvides tal mujer, su ventajas acuerda.
Esto que te aconsejo con Ovidio concuerda,
y para ello hace falta mensajera no lerda.

Hay tres cosas que tengo miedo de descubrir,
son faltas muy ocultas, de indiscreto decir:
de ellas, muy pocas mujeres pueden con bien salir,
cuando yo las mencione se echarán a reír.

Guárdate bien que no sea vellosa ni barbuda
¡el demonio se lleve a la pecosa velluda!
Si tiene mano chica, delgada o voz aguda,
a tal mujer el hombre de buen seso la muda.

Le harás una pregunta como última cuestión:
si tiene el genio alegre y ardiente el corazón;
si no duda, si pide de todo la razón
si al hombre dice sí, merece tu pasión.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
  Retrato del arcipreste (coplas 1485-1488)
  Dueña –dijo la vieja- yo lo veo a menudo:

es muy ancho de cuerpo, piernas fuertes, membrudo,

cabeza no pequeña, velloso, pescozudo,

el cuello no muy largo, pelinegro, orejudo:

las cejas separadas, negras como el carbón,

es erguido su andar, tiene aires de pavón;

muy firmes son sus pasos, y en buena dirección.

Tiene nariz muy larga, le falta proporción.


Las encías rojas y la voz grave,

la boca no pequeña, labios regulares,

más gruesos que delgados, rojos como el coral;

las espaldas muy anchas, las muñecas igual.


Sus ojos son pequeños, tirando a morenazo;

pectorales muy fuertes, muy fornido su brazo,

las piernas son perfectas; el pie, chico pedazo.

Señora, no vi más; su amor va en este abrazo.

 
 

Versión original del poema
Para saber más: "El misterio del Libro de Buen Amor" | El Libro de Buen Amor

  Las fuentes del Libro de Buen Amor
   
 
A lo largo de la historia de la literatura, otros autores han intentado dar con la receta de la mujer y el hombre perfectos. Hay mucho ejemplos, aquí tenéis una pequeña muestra de textos contemporáneos:
 
Receta de mujer de Vinicius de Moraes | Receta de varón de Gioconda Belli (vídeo)
Alabanza de la mujer etérea de Oliverio Girondo | Chico Wrangler de Ana Rossetti
La mujer que no soñé de Ricardo Arjona
 
 
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