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III. ESTRUCTURA NOVELESCA: FOCALIZACIÓN, PUNTO DE VISTA, RITMO Y TEMPO.

Si nos fijamos en los cuatro factores enumerados en el título, los Pazos puede dividirse en cinco partes de distinta longitud:

1ª parte: capítulos I-VII.
(FOCO) El centro de atención del narrador es don Julián, que es el personaje enfocado directamente. La novela se desarrolla siguiendo sus peripecias, pensamientos, encuentros…

(PUNTO DE VISTA) En general es el de un narrador omnisciente que ve a sus personajes por dentro y por fuera, que nos dice lo que sienten, cuál ha sido su pasado y que comenta irónicamente sus circunstancias:

Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta. No habiéndose descosido jamás de las faldas de su madre sino para asistir a cátedra en el Seminario, sabía de la vida lo que enseñan los libros piadosos. Los demás seminaristas le llamaban San Julián, añadiendo que sólo le faltaba la palomita en la mano.”(cap III)

Otras veces el narrador abandona su postura omnisciente y adopta el punto de vista de un personaje, Julián, y cuenta desde su visión particular: por eso la visión de los pazos es casi tétrica.

(TEMPO) El tempo narrativo es muy desigual: algunos capítulos corresponden a unas horas (I, II), a días y semanas (IV) o a todo un invierno (V). En ellos la autora usa diferentes modalidades narrativas: escena, panorama o resumen o descripción.En el capítulo IV hay un flash back que narra la historia de la familia del marqués.

(RITMO) Además del ritmo temporal existe un ritmo tonal que alterna momentos serios y graves con otros irónicos, momentos tiernos con otros duros.

En el primer capítulo, EPB aprovecha el encuentro de Julián con los cazadores para presentar a don Pedro y a Primitivo, con lo que el trío masculino de la obra está completo. El abad de Ulloa juega un papel de contraste desde el primer momento: su físico ysu conducta resaltan los rasgos opuestos de Julián. Esta parte termina con una escena de clímax: el intento de asesinato de Julián por parte de Primitivo.

Segunda parte: capítulos VIII- XIII.
El FOCOse traslada a don Pedro, que toma la decisión de marchar a Santiago en donde aparecen cuatro nuevos personajes femeninos de los que se destacan dos: Rita y Nucha. El único capítulo que se centra en Julián es el XII (viaje de regreso a los pazos).

Esta parte se inicia con un tono completamente distinto, alegre y esperanzado, que contrasta con el anterior. Parece que las cosas van a arreglarse. Sin embargo, la escena de la boda, que debería ser un clímax positivo que supusiera la victoria de Julián y don Pedro sobre Primitivo y Sabel, acaba resultando negativa. El banquete y la noche de bodas son escenas de malos presagios; mientras tanto, en los pazos, Primitivo sigue mandando; y, cuando la acción vuelve a don Pedro, el tono alegre ha desaparecido por completo: el personaje está impaciente y no soporta el ambiente de la ciudad.

Esta parte también acaba con una escena de clímax: el anuncio del embarazo de Nucha.

(PUNTO DE VISTA) Predomina un narrador omnisciente, poco objetivo, que hace comentarios irónicos acerca de la acción. A veces, sin embargo adopta el punto de vista del personaje focalizado.

Transcurrido algún tiempo de vida familiar con suegro y cuñadas, don Pedro echó de menos su huronera. No se acostumbraba a la metrópoli arzobispal. Ahogábanle las altas tapias verdosas, los soportales angostos, los edificios de lóbrego zaguán y escalera sombría, que le parecían calabozos y mazmorras. Fastidiábale vivir allí donde tres gotas de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas. Le incomodaba la perenne sinfonía de la lluvia que se deslizaba por los canalones abajo o retiñía en los charcos causados por la depresión de las baldosas. (XIII)

Tercera parte: XIV-XVIII
FOCO: El centro de atención es Nucha. El cap. XV está narrado desde el punto de vista de Nucha, que es desde el que se narran las visitas a los vecinos: es una visión divertida y, melancólica en el caso de los Limioso. Esta visión contribuye a crear la imagen del personaje: sensible y con buen humor. La prolongada espera del parto crea un clima de tensión que culmina cuando Julián oye “una niña”. el capítulo (XVI) acaba anticlimáticamente con don Pedro rabioso y decepcionado y Julián y Nucha abatidos.

En estos capítulos ha aparecido un nuevo personaje: Máximo Juncal. El capítulo XVIII narra la convalecencia de Nucha y los episodios de la crianza de la niña; acaba con nuevo suspense cuando Julián descubre que Pedro y Sabel han reanudado sus relaciones.

Cuarta parte: XIX-XXVIII
  1. El foco es la pareja Julián-Nucha y el tono sombrío se va acentuando a lo largo de los capítulos. Abundan las premoniciones que crean un clima propicio a la tragedia: la bruja y las cartas, la araña, el sueño de don Julián.

Los sueños de las noches de terror suelen parecer risibles apenas despunta la claridad del nuevo día; pero Julián, al saltar de la cama, no consiguió vencer la impresión del suyo. Proseguía el hervor de la imaginación sobrexcitada: miró por la ventana, y el paisaje le pareció tétrico y siniestro; verdad es que entoldaban la bóveda celeste nubarrones de plomo con reflejos lívidos, y que el viento, sordo unas veces y sibilante otras, doblaba los árboles con ráfagas repentinas. (XX)

 El punto de vista con frecuencia es el de los personajes: las escenas de la bruja y la araña están vistas a través de los ojos asustados del capellán; en la bajada al sótano, el punto de vista es el de los dos personajes:

El capellán la encendió, y a su luz menos que dudosa vieron el sótano, mejor dicho, entrevieron las paredes destilando humedad; el confuso montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los rincones; el conjunto de cosas informes y, por lo mismo, temerosas y vagas. En la penumbra de aquel lugar casi subterráneo, en el hacinamiento de vejestorios retirados por inservibles y entregados a las ratas, la pata de una mesa parecía un brazo momificado, la esfera de un reloj era la faz blanquecina de un muerto, y unas botas de montar carcomidas, asomando por entre papeles y trapos, despertaban en la fantasía la idea de un hombre asesinado y oculto allí. (XX)

 Los capítulos XXIy XXII rompen el hilo narrativo al narrar los preparativos de la cacería en una escena costumbrista y jocosa. La tensión dramática sigue creciendo, pero de tanto en tanto, el ritmo se remansa un poco cuando el narrador dosifica tensión y distensión.

La tensión vuelve en el XXIII cuando Nucha descubre que Perucho es hijo de Pedro. En elXXIV vuelve la distensión con el relato de la campaña electoral, que termina con un nuevo clímas: Julián ve las huellas de violencia en las muñecas de Nucha y cuando las tiene cogidas, son sorprendidos por don Pedro, Primitivo y otros visitantes de la capilla.

El XXV mezcla distensión: la lucha de los caciques; y tensión: las murmuraciones acerca de Julián y Nucha. El tema político y el psicológico se unen. El capítulo XXVI contiene las sospechas de don Julián ante la hostilidad de todos los que le rodean y concluye con la paliza que le dan a los seguidores de Trampeta. Acaba con presagios siniestros.

En el capítulo XXVIII tiene lugar un cambio en el punto de vista del narrador que ofrece una perspectiva nueva e insólita para los hechos que se relatan: El asesinato de Primitivo y el enfrentamiento en la capilla de don Julián y don Pedro está visto desde los ojos de Perucho. Con este recurso, EPB refuerza el tono trágico de la obra. La perspectiva del niño refuerza el carácter inevitable de los hechos que desencadenan el drama: Perucho actúa para conseguir los dos cuartos que le habían prometido e inocentemente provoca la tragedia. Julián y Nucha también son inocentes, pero el mal los envuelve a todos.

Quinta parte:XXIX-XXX
El FOCO vuelve a ser Julián. El punto de vista es el de un narrador omnisciente y el tempo narrativo es muy rápido. El XXIX evoca las escenas de la capilla, la salida de Julián de los pazos y los diez años siguientes de su vida. El XXX se inicia con un resumen de esos diez años en los pazos y en la villa de Cebre.

La novela se cierra con dos escenas: la visita del cura al cementerio de Ulloa y la aparición de Perucho y Manolita. La primer cierra Los Pazos de Ulloa; la última es un puente hacia la segunda parte.

 
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