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I. GÉNESIS DE LA OBRA

Se publica en 1886 en dos tomos. En 1887, se publica la segunda parte, también en dos tomos, La madre Naturaleza, que lleva como subtítulo: segunda parte de Los pazos de Ulloa.

La composición fue ardua y laboriosa. Con esta obra, se inicia un género de novela larga en dos partes que repetirá en Una cristiana y La prueba (1890-1891) y en Doña Milagros y Memorias de un solterón (1894-1896).

La longitud de estas novelas está en función sobre todo del estudio psicológico de los personajes. Don Julián es el personaje de más importancia y el estudio de su carácter se completará en la segunda parte. Las dos novelas están unidas por los personajes y por los temas, sobre todo por dos: la decadencia de una clase social y la reflexión sobre el sentido del dolor y del mal en la existencia humana.

La primera parte narra los avatares de dos seres inocentes, Julián y Nucha, poco dotados para sobrevivir en el ambiente hostil que les rodea y que acaba con ellos. En la segunda parte se modifican parte de esas circunstancias exteriores adversas, pero los protagonistas, Manolita y Perucho, son tan desgraciados como los primeros. Las dos novelas muestran una concepción del mundo muy pesimista: el mal y el dolor son inevitables porque son consustanciales a la existencia humana.

Este pesimismo sobre la vida y sus escasas posibilidades de felicidad proviene en EPB de sus creencias católicas: del pecado original y la caída y la corrupción de la naturaleza humana.

 
II. ARGUMENTO

Pedro, el marqués de Ulloa, es un personaje de unos treinta años, mandón, indolente, cuya única vocación parece ser la caza; vive amancebado con una criada, Sabel, de la que tiene un hijito. Llega allí un joven capellán a administrar la hacienda, hombre sensible y pusilánime quien, al comprender la situación, convence al marqués de que se busque esposa legítima para evitar sus desórdenes. Pedro elige a Nucha, una prima suya, devota y enamorada de él, pero lo hace por las virtudes de la muchacha y no por atracción personal, por lo que vuelve a las andadas con la sensual y atractiva Sabel, como se lo hubiera figurado cualquiera que no tuviese la inocencia del capellán. Nucha da a luz una niña y acaba muriendo después de sufrir con angélica paciencia los malos tratos del marido, el capellán se marcha, y la pobre criatura se criará como pueda entre aquellos seres toscos y el energúmeno de su padre.(Alicia Jurado)

 
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