El infierno de los amantes
Ut pictura poesis / Ut poesis pictura
El lema horaciano, ut pictura poesis, y la idea aristotélica de que la
intriga de una tragedia se asemeja a una pintura, han sido uno de los lemas más constantes en la constitución de las dos artes: literatura y pintura.
Ambas perseguían lograr una imitación mejorada de la naturaleza, la primera, por medio del ojo físico, la segunda, por medio del ojo "mental".
Esta es una historia de idas y venidas entre literatura y pintura. Giovanni Boccaccio (1313-1375) escribió El Decamerón, ambientado en la peste que asoló Florencia en 1348. Una de los cuentos que se narra es La historia de Anastasio degli Onesti.
Un poco más de un siglo después, Sandro Botticelli recibe el encargo de su mecenas de pintar un regalo nupcial: una "spalliera", serie de paneles pintados que revestían las paredes de las residencias florentinas con un
propósito tanto ornamental como práctico, al ayudar a mantener templadas las
habitaciones. El tema escogido fue la versión pictórica de la narración de Boccaccio.
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) fue un escritor en una familia de pintores. Hijo, hermano y sobrino de artistas, estudió pintura y fue también crítico de arte. Probablemente, la historia de Boccaccio, a través de las tablas de Boticcelli, está detrás de la figura femenina corruptora, que con su belleza sensual, arrastra a hombre hacia la perdición. En El monte de las ánimas, la dama distante y desdeñosa sufre la muerte como castigo a su crueldad, la muchacha de Boccaccio, es condenada a castigo eterno para escarmiento de damas fatales.
Materiales de Lengua y Literatura
Lourdes Domenech y Ana Romeo