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El lenguaje jergal en los textos I
 
     

Texto I: Una visita al médico: diga 33 (LA JERGA PROFESIONAL)

 
     
 
 
     
 

El siguiente texto selecciona y adapta una muestra del anecdotario médico recogido por J. I. de Arana en su libro "Diga treinta y tres". En él, recoge las anécdotas que se producen cuando los pacientes intentan usar la terminología médica, llena de tecnicismos y de expresiones específicas. Todos hemos oído hablar de ese abuelo que le pidió al médico que dejara de darle supositorios porque: a) le costaba tragarlos, o b) sabían fatal. ¿Causa risa el error ajeno? No tanta, ¿sabrías qué hacer con un medicamento del que el médico te dijera que lo usaras sólo de forma tópica?...

El problema viene derivado, pues, de la dificultad que tienen los pacientes para desentrañar y usar la jerga médica. Así lo explica un médico al hacer la reseña de este libro:

 
     
 

Algunas de estas anécdotas me hicieron recordar los comentarios oídos a mis colegas durante las guardias hospitalarias. Había mucho de sarcasmo y poca comprensión en aquellos chascarrillos. Si nos paramos a pensar, la mayoría de las "anécdotas" se originan porque el enfermo no entiende nuestras palabras de jerga médica o no entendió suficientemente nuestras explicaciones para seguir correctamente una prueba diagnóstica o un tratamiento.

Lejos de divertirnos, debería sonrojarnos que un paciente se haya tragado un supositorio porque nosotros damos por supuesto que sabe cómo debe usarlo. Si diéramos menos cosas por supuestas y comprobáramos más si el paciente nos entendió, evitaríamos muchos de estos errores de comunicación, cuando no errores médicos.

 
     
  Selección de anécdotas  
 
  • En primer lugar, los mismos nombres de algunas especialidades médicas son motivo de esos errores verbales involuntarios. Los pacientes acuden a la consulta del pichiquiatra, del trampatólogo, del pederasta, del pericultor, del culista, del partero o a la del doctor Rino.
 
 
  • Una mujer está relatando al ginecólogo sus antecedentes:

-Hasta ahora he tenido tres embarazos. En los dos anteriores se me encajaron los féretros y nacieron muertos. y claro, en el tercero me tuvieron que hacer la necesaria.

 
 
  • Un paciente acudió al médico:

-Vengo a que me haga unos análisis de colesterol, del bueno y del malo. Y también me pide el ácido único.

 
 
  • Otro ejemplo:

-Yo creo, doctor, que me tendría que mandar hacer un escarnio de la cabeza y del pecho.

  • Otro:

-Doctor, por fin, ¿cuándo me van a hacer la autopsia?

  • Y otros:

-A un pariente mío que padecía del corazón le han tenido que operar para ponerle en el pecho un pasacalles.

-Tengo mal aliento porque padezco de pedorrea.

-Me van a operar de emíngalas..., de almorroides que me hacen ver las estrellas cuando salgo del cuerpo.

-Quiero que me vea un bulto que me ha salido en los tentáculos o en un vestíbulo.

- Doctor, tengo una erupción en los gitanales.

- El niño tiene un eclipse de la cadera derecha.

-En lugar de gastroenteritis disenteriforme, una mujer le dijo a su marido que el médico le había dicho que tenía un gato enterito con uniforme.

 
     
 
  • El nombre de los medicamentos suscita frecuentemente muy curiosos y divertidos vocabularios. Y no me refiero a los nombres comerciales ni mucho menos a las complicadas palabras con que en los prospectos se indica la composición del mismo. Lo que a veces resulta difícil de decir es el nombre más elemental del producto. Así, oímos hablar de cláusulas, grajas o grágeas, oprimido, indicciones y sobre todo positorios, depositorios, apositorios o impositorios.
 
     
 
  • En el hospital, cuando los enfermos no saben firmar, lo habitual es recurrir a la huella dactilar. En cierta ocasión, una gitana le explicó al administrativo del hospital que la requería para firmar:

-¡Huy hijo, yo no sé leer ni escrebir, yo siempre que vengo aquí pongo la huella genital.

 
     
  • En el argot de los servicios de Urgencias hospitalarios existen dos tipos de pacientes cuya presencia es muy habitual. Son los llamados poyaque y gadejos.

Un poyaque es alquel sujeto que llega a Urgencias y al ser interrogado sobre qué le pasa, contesta de esta guisa:

-He venido a ver a un pariente que está ingresado y pos ya que estoy aquí quiero que me vean unas molestias que tengo hace varios meses en una pierna.

El gadejo es quien acude a urgencias con un padecimiento insustancial, pero que exige ser tratado de inmediato. El término gadejo es una síncopa de ganas de joder.

 
     
 

Diga treinta y tres.  Anecdotario médico., J. I. DE ARANA. Ed. Espasa.  Colec. Espasa Minor nº 57.  5ª ed.  Madrid, 2000.

 
     
  1. Sustituye las palabras en negrita por los tecnicismos correctos.De paso, explica por qué la consulta del médico es un lugar propicio para los errores de vocabulario y si conoces alguno (propio o ajeno), no te lo guardes, explícalo.  
     
     
  2. Enumera 10 tecnicismos médicos que conozcas y que no estén en el texto anterior.  
     
 
3. Aparte de los tecnicismos propios de la profesión, entre los ejemplos anteriores había dos palabras de argot que buscan la complicidad y elsecreto como la jerga de la delincuencia. ¿cuáles son?.
 
     
 

TEXTO II: Declaración de intenciones

 
     
 
 
 

Os lo digo yo, tíos y titis, en plan colega, que esto no mola, que no se nos deja flipar, Pero tranquis: si no nos bajan los precios de las movidas, descarao que seguiremos sofisticando el sistema de colarnos por la cara y a más, colegas, nos enrollamos montándonos entre toda la basca un conjunto rock como hace todo Dios últimamente, y nos lo hacemos en el garaje al lao del amoto, con lo que la marcha está asegurada, y por éstas que el muermo ya no se nos apalanca en tol cuerpo hasta después del misil. No podrán con los mendas: ¡al loro y más marcha!

(El jueves)

 
     
  1. Dime de qué tipo de jerga se trata.  
     
  2. Subraya todas sus peculiaridades lingüísticas y explica cuatro de ellas.  
     
  3. Intenta traducirlo a un registro más formal.  
     
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